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Dice la canción “¡Vamos a Tabasco, que Tabasco es un edén!” Y no estamos alejados de la realidad. Veinte años después de la primera visita a Tabasco, regresamos a la tierra de los olmecas, ¡pero vaya que no sólo hay olmecas!, sino otras muchas cosas que maravillan a la vista, al paladar y a la vida en sí. Verde por donde mires. Ríos por todos lados. Impresiona ver correr las aguas del Grijalva por el centro de la capital, Villahermosa, de la misma forma que ese río se une en la zona de los pantanos de Centla con el enorme Usumacinta y el San Pedrito.
Exuberancias por doquier. Si quieres ríos, los hay; si quieres aventuras en la sierra, igual. En playas, Paraíso es realmente eso: un paraíso. ¿Gastronomía? Es un placer estar allí. Se disfruta de todos los manjares, desde mariscos y especies de río hasta carnes, pues igual es una región ganadera de alto nivel. Un viaje de familiarización organizado por Aviacsa y el hotel Holiday Inn, al que Corporación Editorial de Medios fue invitado, nos permitió recorrer cinco de siete zonas en las que fue dividido Tabasco. Vimos mucho, pero el tiempo nos permitió en realidad disfrutar muy poco de lo que hay. Tabasco tiene mucho para ofrecer. Veamos algo. De entrada, una visita a Comalcalco. Podríamos pensar que se trata sólo de una de las regiones productoras de cacao más importantes de México, pero igual cuenta con una zona arqueológica única en su tipo, con impresionantes pirámides construidas con ladrillos cocidos al aire libre y unidos con una mezcla de barro, arena y conchas marinas quemadas y molidas. El lugar se encuentra a 90 kilómetros de Villahermosa y se puede visitar todo el año. Está en construcción aún, pero lo que ahora es el proyecto República de Paraíso es algo verdaderamente increíble. Una hacienda que aparece frente al mar y con un río a sus espaldas, edificada poco a poco, adornada con decenas de réplicas de esculturas repartidas en un sendero que te lleva a recorrer toda la historia de la entidad. Reliquias aquí y allí. Y, claro, va para más, pues pretenden ganarle más terreno a la zona de manglares para construir un campo de golf. Por si hiciera falta… Comer fue una delicia en ese edén: minilla de pescado, camarones al coco. Un menú variado, sabroso y barato. En la sierra, vaya que se disfruta. El desarrollo ecoturístico “Kolem-Jaa“ (“Cascada” o “Agua grande“) te permite disfrutar el turismo de aventura (bajadas a rapel por la cascada, canopy, senderismo, tirolesa, kayac). Nadie se rajó a la hora de bajar por la cascada. Adrenalina al máximo que bien vale la pena disfrutar. Y pues no puedes decir que fuiste a Tabasco sin ver los pantanos, así que una etapa del viaje fue precisamente a la Reserva de la Biosfera de Centla, una zona de 306,702 hectáreas que te agasaja a la vista cuando recorres en lancha entre manglares. Un adiós al paraíso, entre lagartos, pantanos y pejelagartos también.— Gaspar Ignacio Silveira Malaver.Fuente:yucatan.com.mx Volver a HOMEPost relacionados
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